Una Europa más unida, fuerte y democrática para los interlocutores sociales

Entre el 25 y el 26 de septiembre de 2018 se celebró en Bruselas (Bélgica) un seminario con el título “Una Europa más unida, fuerte y democrática para los interlocutores sociales” organizado por Beweging.academie y con el apoyo de EZA y de la Unión Europea. En el seminario participaron 24 representantes de organizaciones de trabajadores procedentes de Bélgica, los Países Bajos, Alemania, la República Checa, Bulgaria, Portugal, España, Malta, Luxemburgo y Austria.

El objetivo del seminario fue analizar los esfuerzos realizados por la actual Comisión Europea para profundizar en la dimensión social de la Unión Europea. También se realizó un énfasis especial sobre las recomendaciones para una Europa social futura.

Ámbitos temáticos discutidos:

  • Perspectivas y desafíos para las políticas de la UE
  • Un análisis de la propuesta para una directiva sobre condiciones laborales transparentes y predecibles
  • Portugal y su salida de la crisis de austeridad: ¿qué políticas de convergencia y sociales son necesarias?
  • ¿Qué políticas de convergencia y sociales son necesarias en la República Checa?
  • El estado de las políticas sociales y de la democracia en Bulgaria

Principales ponentes:

  • Sofie Put(BE, asesora de estudios de Beweging.net y miembro del Consejo de Administración de EZA)
  • Christian Bäumler (miembro del Comité Económico y Social Europeo en nombre de los Trabajadores Democráticos Cristianos (CDA))
  • Gregorio González Roldan(ES)
  • Ana Isabel Valente (PT, coordinadora internacional Trabalhadores Social Democratas (TSD)
  • Tomas Sitar(CZ, miembro del consejo de Krestanska Odborova Koalice (KOK))
  • Veselin Mitov(BG, EZA vicepresidente, secretaría internacional de la Confederación del Trabajo PODKREPA)
  • Hester Houwing(NL, asesora política de la UE de Christelijk Nationaal Vakverbond (CNV))

Resultados del seminario:

Los actores del diálogo social buscaron aplicar mejor sus valores dentro de la legislación de la UE. En concreto, esto significa integrar mejor las cuestiones del diálogo social dentro del sistema del Semestre Europeo. La Comisión Juncker contrarrestó la naturaleza macroeconómica del Semestre Europeo introduciendo múltiples indicadores sociales, objetivos sociales, etc. Con el Pilar Europeo de los Derechos Sociales, estos capítulos sociales dentro del sistema del Semestre todavía tienen mucho “potencial de crecimiento”. Seguir fomentando este potencial social constituye una obligación para Europa

Por otro lado, todavía tenemos trabajo por hacer también dentro de nuestros “círculos internos”. Las “técnicas” del Semestre Europeo todavía son un “territorio desconocido” para los sindicatos. Necesitamos pensar más allá de las reivindicaciones generales para una Europa más social y asumir mejor el potencial de negociación que tenemos dentro del marco del Semestre Europeo y dentro del diálogo social Europeo Tripartito más amplio.

Los representantes de los trabajadores también estuvieron de acuerdo en que es necesario recuperar la confianza de las personas: confianza en la sociedad, confianza en las instituciones democráticas, confianza en el proyecto europeo. Esta es nuestra tarea central como movimiento de trabajadores en este periodo difícil. Hoy en día nos enfrentamos a un creciente populismo, los “chalecos amarillos” (Gilets Jaunes) que luchan contra las crecientes desigualdades, protestas masivas luchando por sólidas políticas climáticas para las generaciones futuras, etc. Podemos decir que la sociedad está cambiando más rápidamente que las instituciones tradicionales y que los instrumentos que podemos manejar. Las formas tradicionales democráticas se están quedando atrás. Nosotros, como movimientos de trabajadores con contactos estructurales con las instituciones, pero al mismo tiempo con contactos directos a nivel de las bases con una amplia red de voluntarios, podemos ser el puente para superar la división entre las instituciones y los ciudadanos. Podemos recuperar la confianza de las personas. Pero para eso, las políticas deben aportar algo a cambio: la garantía de que tienen en cuenta la voz de las personas, permitiéndoles tener una voz efectiva en el debate sobre los objetivos de las políticas sociales. Esta es otra forma de invertir en las personas: ir más allá de la inversión en personas e incluir la formación de capacidades en las organizaciones de la sociedad civil y en los servicios públicos para la mejora de los organismos colectivos.

Conclusión, resoluciones y demandas

Por eso, los participantes en este grupo de trabajo estuvieron de acuerdo en que invertir en las personas es un mensaje clave que queremos promover de forma colectiva.

Las graves consecuencias de la crisis económica nos han mostrado que es necesaria una Europa más social que nunca para conseguir la confianza de los ciudadanos europeos en Europa como proyecto. Creemos que la creciente desigualdad afecta a la salud psicológica de las personas, a la confianza, al clima social general e indirectamente también alienta la violencia, el racismo, la enfermedad mental, la mortalidad infantil, el suicidio, etc.

En primer lugar, la crisis no solo ha afectado a los más vulnerables, sino también a todo el que vive en el umbral de la pobreza y a todo aquel que cree que es muy difícil pagar el alquiler a final de mes. Nuestro sistema de seguridad social no ha conseguido ofrecerles una respuesta seria debido a las políticas de austeridad.

Al mismo tiempo, las políticas del mercado laboral han cambiado. Ahora más que nunca se señala a las personas como responsables personalmente de no encontrar un trabajo. Casi en cada país ha habido una reducción de los centros asistenciales a los que la gente podía acudir a encontrar ayuda, consejo, … y un descenso en la calidad del servicio. En su lugar, ha aparecido una política de la culpa y la vergüenza, una política de medidas del bastón. De esta forma, las personas se convierten en responsables de su propio desempleo: los antiguos trabajadores de la industria tienen que aceptar empleos como el trabajo doméstico, la limpieza en restaurantes, …

Para ellos supone la misma elección que un día comentó la amante del Rey de Francia: “si no tienen pan porque no toman tarta (brioche)”; por eso, el trabajador de la industria tiene que elegir entre no tener trabajo o tener un trabajo en TI inalcanzable. Nuestras políticas del mercado laboral han desplazado la responsabilidad desde los empresarios para crear buenos puestos de trabajo y del gobierno para apoyar a las personas con el individuo que solo tiene la opción de encontrar trabajos precarios.

En tercer lugar, ha habido una reducción de los servicios sociales y de otro tipo debido a la comercialización. En el sector sanitario, en el sector hídrico, en el sector inmobiliario, en el sector financiero, en el sector de cuidado de niños, en todos ellos vemos un descenso en la calidad del servicio, mayores precios por servicios inferiores o por ningún tipo de servicio. Otro ejemplo de esta tendencia es el descenso en la inversión en el transporte público: muchas regiones de Europa no tienen transporte público o tienen poco, dejando a la gente con altos costes de transporte individuales.

Desde los años noventa y sobre todo desde la crisis económica, se ha producido una gran caída en la inversión social dejando atrás a las personas. Invertir en las personas no debería ser considerado (principalmente) en términos de su rentabilidad financiera sino en términos de su impacto sobre las capacidades de las personas y los derechos humanos. Por ello, las políticas sociales deberían tener en cuenta la vulnerabilidad inherente de los seres humanos, así como su propio papel como inversores sociales. Esto implica mantener e incluso mejorar los beneficios en efectivo sin miedo a que ello provoque elevados niveles de inactividad. Además de eso, las políticas sociales deberían centrarse no solo en mejorar las capacidades de las personas sino también en cuestiones por el lado de la demanda relacionadas tanto con la cantidad como con la claridad del trabajo.

Las políticas sociales también implican una inversión necesaria en servicios sociales, accesibles y asequibles para todos. Los servicios sociales constituyen una base de nuestro estado de bienestar y su reducción merma nuestra sociedad.

 

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